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| "Barrabás" visitó Miraflores con sobrero de pajilla. |
Muchos diamantes ha “echado” la Gran Sabana. Los mineros se expresan así: “la mina está echando”. Eso quiere decir que están sacando oro o diamante u oro y diamante; pero ninguno como el “Barrabás”: su historia y la del hombre que “la sacó” siguen vivas y cada quien tiene algo que decir.
De mendigos a nuevos ricos
Ese día, de 1942, James “Barrabás” Hudson, “Támbara” y “el Indio” Solano amanecieron como de costumbre: mareados de hambre, aún más desesperados por un cigarro que por un plato de comida, fijos en la idea de dar con un diamante y sin un céntimo en sus bolsillos.
Fumaron. Mas las caladas profundas no callaron sus tripas. Entonces, corrieron a donde el bodeguero en busca de comida. Gilberto Daly no sucumbió. Todavía, hace poco, en una de las pulperías de la mina El Polaco hay uno de esos carteles que indican “Hoy no fió, mañana sí”.
“A las dos o tres la tarde, de un barranco, en la planada de El Polaco, ya tenían el diamante; eso se hizo voz pública y todo el mundo salió a ofrecerles”, recuerda Federico Sáez, dos veces alcalde de la Gran Sabana. Gilberto Dale se transformó en el representante de los nuevos ricos.
Un trompo de más 100 quilates
.“¿Qué si era muy grande? ¡Tenía el tamaño de una cebolla pequeña! Pesaba 155 quilates”, grita Otto Escalante, un comprador de diamantes local, mientras que entre sus dedos índice y pulgar simula un rombo. “Las piedras que pasan de un quilate ya son algo excepcional. Yo he visto miles de piedras y estoy seguro de que las piedras que pasan de un quilate son algo excepcional”.
Angélica Miranda lo recuerda. Ella cuenta que era “un trompo bellísimo, que lo ponían a bailar así”, y el movimiento de sus manos se transforma en el relato de aquella danza. “Lo cierto es que hay una mata de guama y ahí, debajo, un hueco en el que él (Barrabás) se consiguió la piedra”. Barrabás le decían al minero y, por él, a la piedra que “se sacó”.
Me paro frente al árbol: el guamo permanece prácticamente suspendido en el aire. De este hueco, por donde puede cruzar una persona, habría salido el “Barrabás”, camuflado en su aspecto blanquecino, lechoso, de cuarzo sin mayor valor, pero inconfundible por su forma salpicada de puntas y caras.
De El Polaco a Nueva York
Tomás Rafael Yépez, el historiador de Tumeremo, población minera del Estado Bolívar, rememora con aires de certeza: “Gilberto Daly, un musiú norteamericano que trabajaba en la mina, vio la piedra y se cayó para atrás. Fue con ellos a Caracas y allá negociaron la venta”.
Se dice que, en Caracas, los mineros y su representante hicieron negocios con la Casa Harry Winston de Nueva York; que la mansión joyera fraccionó la piedra en tres pedazos y que uno de ellos, el de mayor tamaño, recibió el nombre de Libertador; otro habría parado en manos del actor Richard Burton y luego en la humanidad de su amada de ojos violeta, la actriz Elizabeth Taylor.
Miraflores
La página Web del Municipio Sifontes, del cual es capital Tumeremo, destaca, que en esa ciudad vivió James Hudson, “quien encontró el diamante más grande conocido hasta ahora, del tamaño de un huevo de gallina al que se le dio el nombre de Libertador, vendido en 150 mil dólares, tallado y fragmentado se dice que es hoy una de las joyas de la Reina de Inglaterra”.
En las calles de Tumeremo todos tienen algo que decir: Que lo invitaban de casa en casa y de taguara en taguara. Que Medina Angarita (el gobernante de aquel entonces) lo invitó a Miraflores. Que asistió con sombrero de pajilla. Que andaba en un caballo. Que cambio el caballo por un carro negro enorme. Que ese negro tan feo andaba rodeado de mujeres bonitas. Que se casó con una muchacha de buena familia y tuvo con ella un negrito al que llamaban “la piedra de Barrabás”. Que ella siempre lo había mirado de reojo.
El último recuerdo
Asdrúbal Bonalde, enfermero del Hospital Rosario Vera Zurita de Santa Elena de Uairén, tiene el recuerdo final: “Yo vi morir a Barrabás, eso debe haber sido en 1992. Yo prestaba servicios en el área curativa del Gervasio Vera Custodio de Upata”, sobre el eje carretero del sur venezolano.
“Si mal no recuerdo sufría un problema respiratorio, tendría más o menos 80 años. Yo no sabía quién era, pero los compañeros me hablaron de él (…) Yo le cumplí tratamiento (…) Lo acompañaba un amigo, no había un familiar con él (…) No tenía ni para comprar los remedios, murió en la inopia”.

2 comentarios:
Qué historia tan interesante... gracias por brindárnosla Morelia.
Gracias a tí Aimara, por visitar el blog y comentar tan positivamente la nota. Te invito a sumarte a nuestro grupo de seguidores y, como gran sabanera, a compartir temas que te gustaría ver reflejados en la página.
Morelia
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